30/7/14

El libro de la Tierra – Antología Mayor

 Publicamos a continuación el prefacio de Antología Mayor: El libro de la Tierra, que contiene 101 geniales textos, fuentes primarias traducidas exclusivamente para esta obra, notable summa del pensamiento y la imaginación del ser humano en tributo a nuestra Madre Cósmica.

Aquí los textos y los autores incluidos:
Rig Veda, La Biblia, Gilgamesh, Hesíodo, Ovidio, Popol Vuh, Kogui, Guaraní, Tuareg, Cofán, Rimbaud, Frazer, Matta, Anaximandro, Heráclito, Pármenides, Demócrito, Platón, Aristóteles, Aristarco, Eratóstenes, Schopenhauer, Nietzsche, Rousseau, Heródoto, Plinio El Joven, Marco Polo, Colón, Alvar Núñez, Pigafetta, Humboldt, Bolívar, Esopo, Luciano, Swift, Wilde, Lagerlöf, Kafka, Saint-Exupéry, García Márquez, Da Vinci, Copérnico, Bruno, Galilei, Kepler, Huygens, Newton, Darwin, Marx, Engels, Boltzmann, Planck, Einstein, Freud, Perse, Chuang Tsu, Li Po, Tu Fu, Li Shang Yin, Wang Wei, Nezahualcóyotl, Whitman, Baudelaire, Maeterlinck, Rilke, Ramos Sucre, Rabearivelo, Martinson, Neruda, Guillevic, Ritsos, Gamoneda, Buonarroti, Basho, Defoe, Hölderlin, Cacique Seattle, Gauguin, Van Gogh, Machado, Barrett, Trakl, Rivera, Lovecraft, García Lorca, Hernández, Libro Egipcio De Los Muertos, Homero, Virgilio, Alighieri, Paracelso, Nostradamus, Verne, Juan De Patmos, Schwob, Schiller...
La imagen de portada fue realizada por el artista italo-colombiano Gastone Bettelli.

HONOR A LA RAZA HUMANA (Prólogo)
Por Gonzalo Márquez Cristo

«Nuestro amigo el Sol ha muerto, ¿retornará?» pregunta Stéphane Mallarmé en Los dioses antiguos, y este conmovedor y poético interrogante, que alude a nuestro inevitable funeral cósmico descrito en el hinduismo (Día de Brahma) y en el calendario Maya donde nuestra estrella cumple ciclos categóricos, se ha convertido también en una pesadilla de la astrofísica desde cuando científicos como Ludwig Boltzmann y otros alucinados investigadores de la termodinámica decretaron el fin del Universo.
Del origen estelar acaecido hace 14.500 millones de años hasta nuestra consumación cósmica que ocurrirá con la colosal agonía de nuestro amigo el Sol dentro de 5.000 millones de años si antes no improvisamos nuestro apocalipsis, obedeceremos los designios de la física que según los últimos descubrimientos se vislumbran cada día más aciagos.
La presencia protagónica del ser humano en la Tierra: en una pequeña «mota de polvo» –para usar la metáfora de Christiaan Huygens–, evidencia que este prepotente engendro, que antes se creía elegido por los dioses, aunque sabe todavía muy poco de su origen, ya deletrea el alfabeto de su aniquilación. Y al iniciar este tercer milenio, humillado por la ciencia, intentando fundamentarse en la nueva mitología legada por la Cuántica y la Relatividad, vemos cómo se encuentra condenado a un ínfimo rincón de la Vía Láctea (Camino de Leche), que debe su nombre al instante en que la bella diosa Hera alejó intempestivamente de su seno a su hijastro Heracles, quien siendo aún un infante ávido, intentó furtivamente amamantarse con el propósito de conquistar la inmortalidad; y así, según la perturbadora imaginería griega, de aquella lluvia de leche divina, se formarían las más de 200.000 millones de estrellas que conforman nuestra casa mayor.
Del caos al cosmos, del desorden del Big Bang a la armonía galáctica cuyo primer soñador fue Pitágoras; de nuestro origen estelar a la compleja vida en esta esfera imperfecta en la cual viajamos con celeridad por el universo –tal vez hacia ningún lugar– y que gira sobre sí misma a una velocidad más rápida que la del sonido (1.600 km/hora); de las cosmogonías forjadas por los pueblos primigenios hasta las inferidas por la ciencia, que no son menos fantásticas si contemplamos las teorías que involucran nuevas dimensiones, viajes en el tiempo y mundos paralelos –fuentes incesantes de perplejidad–; y si a lo anterior adicionamos las extravagantes explicaciones propuestas por las religiones con el fin de sustentar sus dogmas, pareciera incuestionable que el universo tiene más de fantasmagoría que de realidad, como lo vio Platón en el Mito de la Caverna y algunos cultores de la ciencia ficción.
Debido a esta multiplicidad de visiones y hallazgos que afloran de las arduas disciplinas del conocimiento, y sin la odiosa pretensión de ser exhaustivos, pero sí con la entereza de configurar un mapa diminuto –aunque esencial de nuestro vínculo con la Madre Magna que conjunte deslumbrantes creadores, desenfrenados vigías cósmicos y acuciosos investigadores–, nos propusimos acopiar un archipiélago de voces que comenzaron a construir hace milenios en distintas regiones del planeta, en innumerables lenguas y proveniente de diversas culturas, esta Antología Mayor: legado de la imaginación que honra a la Tierra y que ilumina nuestro acontecer cósmico.
Al rastrear en lo más sublime del arte y la ciencia aquella fenomenología irradiada por nuestro planeta, al seleccionar pruebas decisivas, no sólo de la «imaginación de la materia» (derivada de los elementos) sino de la «imaginación cósmica», el objetivo es plasmar un pequeño lunar (recuérdese el origen estelar de esta palabra), que no desvirtúe la extensa arqueología del asombro, que se ha venido configurando siglo a siglo, mientras afinamos nuestra conciencia planetaria.
Es oportuno mencionar que debido a su magnitud evidente, esta es una de las pocas antologías que tiene licencia para ser incompleta, porque el señalamiento de todo autor aquí excluido (por motivos inherentes a la incompletud humana o derivados de insalvables restricciones patrimoniales), deberá ser considerado por el lector como un hecho feliz, pues eso constata que tenemos otro paradigmático ser a quien elevar una acción de gracias, en concordancia con el epitafio de Isaac Newton, enterrado en la Abadía de Westminster en Londres, que reza en su parte culminante: Dad las gracias mortales porque este ser tan grandemente ha existido: ¡Honor a la raza humana!
Por tanto los textos aquí compilados, elegidos no sólo por su importancia testimonial sino por su magnitud poética, apenas pretenden rendir tributo a un planeta magnífico y a los sabios que los originaron, fieles a su arduo trabajo carente de motivaciones personales. Grandes cultores de diversas disciplinas: astrónomos, filósofos, físicos, poetas, biólogos, geógrafos, ecologistas, historiadores, psicólogos, antropólogos y químicos, que han dejado su huella determinante en nuestra cultura, expresan aquí en sus propias palabras –sin falaces interpretaciones académicas–, las más audaces tentativas por comprender los enigmas de la naturaleza y develar la convulsa existencia en nuestra única casa galáctica.
Es también pertinente referir que en el Libro de la Tierra, integrado por un centenar de escritos de geniales figuras, reconocidas por reflexionar en contra de los dogmas filosóficos, religiosos, políticos o estéticos; es ejemplar la obsesión de algunos de ellos para enfrentar las estructuras de poder que tantas veces controlan, retardan o aniquilan la necesaria sabiduría; y emprender una de las pocas luchas donde ha salido victoriosa la libertad: en el escenario del pensamiento.
Sabemos que estos aventureros de la develación que se propusieron franquear los límites, sin declinar, a pesar de la prisión y el escarnio (Wilde), de persecuciones inclementes (Galileo), de la locura (Nietzsche), del exilio (Da Vinci), de la expoliación (Cacique Seattle), del tormento que los llevaría a la consumación del suicidio (Van Gogh y Ramos Sucre) y de la hoguera como en el caso de Giordano Bruno; parecieran comprobar que la historia del conocimiento es también la historia de la persecución.
La sistemática quema de libros emprendida por el emperador chino Shih Huang Ti en el siglo III a.C.; las bibliotecas incendiadas como la de Alejandría en el 48 a.C. por los romanos y posteriormente a causa del dogmatismo cristiano (obispo Teófilo en el siglo IV) que contenía medio millón de libros en su época florida y donde reposaba lo más luminoso de la cultura de la antigüedad; la doble destrucción de la Biblioteca de Constantinopla (en 726 y 1453) que llegó a tener 100 mil obras; el incendio de la biblioteca de Trípoli a manos de los cruzados en 1099; la ignominiosa acción liderada por el obispo franciscano Diego de Landa quien en 1562 ordenó la quema de numerosos códices mayas; y las afrentas más recientes al pensamiento del hombre como las ejecutadas por los Nazis en 1933 y por los serbios cuando aniquilaron la biblioteca de Sarajevo en 1992, demuestran que habita una sedición en todo conocimiento, y que para subyugar a los pueblos los tiranos conocen desde hace milenios la importancia de arrasar lo más sublime de su imaginación cultural. El escritor norteamericano Ray Bradbury en Fahrenheit 451 da su incandescente testimonio novelístico al respecto, tramando una metáfora donde los cada vez más escasos –y peligrosos– defensores de los libros, deben escapar a un bosque y memorizarlos para impedir que las ficciones, las reflexiones y la luz de los descubrimientos científicos, sean exterminadas de la faz de la Tierra.
Honrando entonces el cúmulo verbalizado de la aventura humana, desde cuando los mitos intentaban explicar los fenómenos naturales, se avanzará en estas páginas por los senderos que fueron extendiendo nuestro universo para poder considerar (recordar la etimología latina de esta palabra: «estar con las estrellas») los parajes maravillosos engendrados en la Tierra alterna del sueño, los artilugios de la fantasía destinada en principio a sobrepasar la realidad, las indagaciones filosóficas y las manifestaciones sublimes provenientes de la fatal y dulce diosa creadora, de nuestra gran fuente natural: Gea, Ceres, Deméter, Cibeles, Ninhursag, Astarté, Coatlicue, Ishtar, Ixmucané, Inanna, Amalur, Atabey, Dana, Pacha Mama...
Seguiremos las crónicas de los desterrados, de las hecatombes, de las invasiones y de la expoliación y la usura que ha determinado nuestro acontecer; y también veremos pruebas de los exilados de sí mismos –de los trasterrados interiores–; y en el capítulo final contemplaremos los vestigios de la colosal pirotecnia geológica, de famosos viajes al inframundo y a otros mundos, y de las más radicales ensoñaciones apocalípticas, aunque no obstante, como siempre, haya un lugar irracional para la esperanza. 
La antología ha sido dividida arbitrariamente en ocho capítulos: El libro del origen (compilación de algunas cosmogonías), El libro de las preguntas (contiene el pensamiento de algunos filósofos sobre la eclosión del ser y las pugnas existenciales), El libro de los vigías (testimonio de conquistadores y exploradores al llegar a tierras ignotas), El libro de los prodigios (muestra al artista como hacedor de reinos maravillosos), El libro de las respuestas (señala determinantes descubrimientos científicos), El libro de la naturaleza (brindis poético por la Tierra), El libro del destierro (testimonio del exilio interior o colectivo) y El libro de las visiones (viajes extraordinarios y profecías sobre el destino de nuestra especie).
Luego de la intromisión atómica y sus conocidas catástrofes, la responsabilidad del hombre en la supervivencia de la naturaleza impone una lectura de estas revelaciones compiladas desde su perspectiva telúrica y enfatizando la entrañable relación existente entre los seres que la pueblan, en el sentido que señaló Ernst Haeckel al crear el término ecología, proveniente de Oikos (casa), porque como dijo Nietzsche: «El hombre es algo que debe ser superado».
Y debido a que no podemos fracasar en esta magna tentativa, y que la consecuencia de ultrajar nuestro origen será devastadora, si el sueño de Zarathustra no encuentra su destino, sólo nos queda emprender el regreso propuesto por Rousseau y Gauguin, a eso que peyorativamente denominan salvajismo: el retorno a aquella edad básica en que teníamos como amigos a los árboles y las estrellas, y aún era posible acostarnos en la hierba para escuchar el corazón de la Tierra. Pues no podemos olvidar la experiencia trágica de los mayas, que advierte categóricamente sobre el fracaso inexorable que acecha a las grandes ciudades, y el nuevo despotismo impuesto en nombre del conocimiento –cuyos abusos hemos padecido desde la Revolución Industrial hasta la herida de Hiroshima–, y tampoco las subyugantes tecnologías que están creando un desierto interior sin precedentes, donde el habitante común, despojado de la naturaleza, padece una tiranía impuesta por estructuras formales superfluas, alejado de lo esencial, mientras es gobernado por fantasmas, como Kafka y Orwell lo denunciaron.
¿Hace cuánto no admiramos la Luna? ¿Quién puede señalar alguna de las cien mil millones de constelaciones que componen el Universo? ¿Quién sabe llamar hoy por su nombre a cinco flores o pájaros? ¿Quién diferencia una estrella de primera magnitud? Nadie de este mundo ilusorio que nos ha sido impuesto; pero si olvidamos a la Tierra ella terminará por olvidarnos y perderemos con eso nuestra posibilidad cósmica.
Como un talismán nos queda, sin embargo, la resistencia interior que vislumbra el poeta René Char, quien aseguraba distinguir el ruido de las estrellas, en esta incomparable estrofa de Aromas cazadores, donde hace un recuento de nuestro detestable destino, pero que pese a todo conserva su lumbre prodigiosa: «Durante milenios hubo el vuelo silencioso del tiempo, mientras el hombre se adaptaba. Vino la lluvia desde el infinito; luego el hombre caminó y actuó. Nacieron así los desiertos; el fuego se alzó por segunda vez. Entonces el hombre, con el apoyo de una alquimia sin cesar renovada, dilapidó sus riquezas y masacró a los suyos. Siguieron el agua, la tierra, el mar, el aire. Entre tanto, un átomo resistía. Esto sucedió hace unos minutos». 

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6/7/14

Un trovador santiaguero guitarrista de Carlos Gardel
Fuente: CUBARTE



Al trovador Roberto Moya lo conocimos en la Peña de Sirique, en el Cerro, un domingo por la tarde.
Un amigo de ambos, Félix Cobo, me lo presentó como el autor de la guajira Ranchito mío que acababa de interpretar el dúo de Luisito Plá y su esposa. Se trataba de Roberto Moya, que ya tenía 73 años de edad. Luego supe que este trovador santiaguero había sido acompañante de Carlos Gardel en varias actuaciones y películas.

Le pregunté: ¿Cómo un trovador santiaguero llegó a ser uno de los acompañantes en la guitarra del afamado artista Carlos Gardel?

Yo conocí a Gardel en el año 1933 cuando fui al Hotel Anzonia, en Nueva York, en la Avenida Broadway y Calle 72. Allí fui a hospedarme con mi compañero en el dúo, el argentino Carlos Spaventa. El gerente del hotel, que sabía que éramos músicos, me dijo: ahora mismo acaba de marcharse Carlos Gardel y está buscando guitarristas. Ese día no pudimos verlo, pero Eligio Potorosi, muy amigo de él, nos invitó a que fuéramos a conocerlo. Fuimos al día siguiente a un apartamento que Gardel tenía alquilado en el este de la ciudad.

Cuando lo vimos ya sabía quiénes éramos y se comportó con nosotros como si fuéramos viejos amigos. En efecto en ese momento estaba buscando guitarristas de experiencia que supieran interpretar música argentina para que lo acompañaran, ya que los guitarristas de su grupo no habían llegado por problemas con los visados. Nos echó el brazo por los hombros y nos dijo que sacáramos las guitarras, entonces cantamos una samba que él mismo tarareó. Enseguida dijo: “esta bien, no hay problema, mañana a la una nos vemos en los estudios de la Paramount”.

Y así fue como tomamos parte en la primera película que Gardel filmó en Estados Unidos, que se llama Cuesta Abajo. Gardel quedó satisfecho de nuestra actuación en ese filme y nos invitó a participar en otros como Tango en Broadway, El día que me quieras y Tango bar, aunque en esta última no aparezco personalmente, ya que lo que hice fue acompañarlo en la música de fondo. Ya en esos días habían llegado sus guitarristas pero nos dejó actuar con ellos porque Gardel quiso que también participáramos en esas películas. Yo me quedé con Gardel y lo acompañé en algunas actuaciones.

Cuando terminamos los compromisos en Estados Unidos él quería llevarme para la gira por América del Sur pero Lepera, que era el administrador, se opuso porque aumentaría los gastos al incluirnos en la nómina, entonces Gardel comprendió y me dijo: “Esta bien ché, tú te vas para Cuba y el día 24 de junio te embarcas para acá y nos encontraremos en Nueva York el día 1ro. de julio porque vamos a rodar 5 películas más en las cuales pienso mejorarte”. Acepté de mala gana, aunque tenía ganas de venir para Cuba y dejarle algún dinero a la familia.

El día 24 de junio de 1935, tomé el ferri Florida en La Habana y me dirigí a Cayo Hueso para luego coger un tren para Nueva York. Encontrándome en la estación de trenes vi como los vendedores de periódicos vendían enseguida los diarios de ese día. Un amigo me trajo un periódico que en grandes titulares decía: “ACCIDENTE AÉREO EN MEDELLIN. GARDEL CON TODOS SUS ACOMPAÑANTES PERECIERON. EL CUERPO DE GARDEL ESTABA CARBONIZADO. SE IDENTIFICÓ POR LA RASTRA QUE LLEVABA”.

La rastra es un cinturón de cuero que los argentinos llevan pegado al cuerpo para guardar sus monedas, debo aclararte que Gardel era coleccionista de monedas. Desde luego, regresé a Cuba en el mismo barco… ¿para que iba a seguir? Pensé entonces que si hubiera continuado de guitarrista con Gardel también hubiera muerto en el trágico accidente ocurrido en Medellín, Colombia, el 24 de junio de 1935.

Roberto Moya, gaucho transitorio y trovador santiaguero, nació el 26 de septiembre de 1897 en Santiago de Cuba, en una casa de la Calle Santa Lucía entre San Pedro y Santo Tomás.  Falleció en La Habana el 27 de enero de 1971.  Su padre, Francisco Moya Portuondo era profesor de piano y alternaba esa profesión por la de ayudante en una notaría, alguacil, secretario de un juzgado y Procurador Público. (...)

Por Lino Betancourt Molina (fragmento)
Fuente: CUBARTE 
http://www.cubarte.cult.cu/periodico/opinion/25685/25685.html


1/7/14

Premio Nacional de Poesía del Festival de Medellín

Mario Eraso y Hellman Pardo, ganadores del I Premio Nacional de Poesía Festival Internacional de  Medellín.  
El Jurado compuesto por Juan Manuel Roca, Gabriel Jaime Franco y Fernando Herrera otorgó por unanimidad los dos premios 
a los siguientes libros: Amanecer en Lisboa con Oliverio de Mario Eraso  e  Historia del agua de Hellman Pardo. 
A continuación un texto de cada ganador.



Mario Eraso

Nació en Pasto en 1967. Vive en México hace ocho años. Es Doctor en Literatura Hispánica por El Colegio de México. Su tesis consistió en la lectura crítica de la poesía de Roberto Juarroz. Entre 1988 y 1998, ganó en Colombia concursos de poesía y cuento a nivel nacional. Figura en las antologías Quién es quién en la poesía colombiana (1998) y Consejo para la buena muerte (2009). En 2005 publicó con la editorial colombiana Común Presencia su libro, Cementerio. Es también autor de Oro, con la editorial mexicana Sin Nombre.

Así debió ser al principio la vida

Personas
Muchos miles de personas

Caminando sencillamente
Corriendo sencillamente

Bajo la lluvia
Sobre la nieve


Así debió ser al principio

Cuando solamente había personas
Muchos miles de personas

Que salían a pasear con sus hijos
A pasear con sus mascotas

Caminando mientras conversaban
Corriendo mientras reían


Bajo la lluvia
Sobre la nieve.
                                                                                                  - - - - -

Hellman Pardo


Bogotá, 1978. Premio Nacional de Poesía Eduardo Carranza en 2010 por Elementos del desterrado. En 2011 es merecedor del Premio Nacional de Poesía Casa Silva por El falso llanto del granizo. Ese mismo año el Ministerio de Cultura le concede la Beca a la Circulación Internacional de Creadores en New York. Ha publicado La tentación inconclusa (Común Presencia Editores, 2008);  Anatomía de la soledad (Gamar Editores, 2013) y El falso llanto del granizo (El Ángel Editor, 2014). Director de la Biblioteca Comunitaria Imago en Bogotá. Pertenece a los Consejos Editoriales de las Revistas la Raíz Invertida y Ulrika.

RETRATO DEL OLVIDADO

Si volviera el agua a martillar las aceras
traería consigo los recuerdos de mi padre.


Su mano a orillas de mi mano

halándome con fuerza
                                   con cierto temor
de que su hijo mojara su pasado.


Sin embargo

tanto esfuerzo
                                               una espléndida derrota.


Empapado todo

yo entreveía
a ese hombre huir de la lluvia

el rostro lacerado
goteando
ese silencio imperturbable.


Si volviera a caer

                        a manera de prodigiosa lluvia
el agua
traería consigo un largo adiós

                                               adiós
aquí termina todo.


Adiós al recuerdo que perdura
adiós a la orilla de su mano.


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27/6/14

Hablando de fútbol - Cuento

                                                                                         Amílcar Bernal Calderón

Del ingeniero Amílcar Bernal Calderón, ganador de algunos premios de narrativa y poesía a nivel local e internacional; autor de dos poemarios premiados en concursos de Colombia y España, e incluido en antologías internacionales de cuento y poesía; publicamos un cuento alusivo al fútbol, por estos días tema omnipresente.

DIJO que él, cuando estaba en la escuela, escribía a mano con una letra Palmer muy bonita, por contrato y a destajo, las escrituras y actas de la notaría de su padre, en un pueblo perdido de Boyacá.
Su hija, mi consuegra, creía que la vida de su padre era memorable, y me pidió que fuera a visitarlo para ver si yo me le medía a escribir su biografía. Entonces el viejo tenía 86 años y estaba a punto de enviudar, mientras en la calle no se hablaba de otra cosa que del mundial de fútbol, que acababa de comenzar. Íbamos, creo, por ahí en 1994.
Estábamos sentados, después del almuerzo, en la sala de su casa de campo. El viejo tomó la palabra después de ir, con su mirada a través de la ventana, hasta la infancia para traer lo que iba a decirme:
“Papá, abogado y notario del pueblo, mi jefe, cansón de tan honesto que era, guardaba religiosamente mi salario, dos centavos por cada acta escrita, para que mi futuro lo gastara. Eso entendía, y me parecía injusto pues no era el tiempo quien trabajaba sino yo, que lo imaginaba a él como un viejito jorobado, canoso, de bastón y oloroso a almanaque, parado al otro lado de mi escritorio en nuestra notaría, leyendo con voz mohosa la primera escritura del mundo, que yo sostenía cerca de sus ojos azules para que su ceguera pudiera leerla; entonces el papel se deshacía al contacto con su mirada dejándome las manos amarillas, una sensación de incompetencia y dos centavos menos en mis ahorros”.
De la cocina vino su esposa con un café para mí y un consomé para él.
“Ahora que lo pienso,” siguió, “yo a ratos desconfiaba de la existencia del viejito de marras pues la infancia, que éramos yo y todos mis amigos, ignoraba el futuro: el tiempo, para ella, la infancia, sólo era oscuro o soleado, dormido o despierto y, por raro que parezca, todo, desde el comienzo de la historia sagrada, se llamaba Hoy. Pues bien: un domingo, cuando ya tenía suficientes ahorros, papá decidió que yo debía invertir mi dinero; entonces nos fuimos, a caballo y bien tempranito, hasta la capital para comprar, con mi dinero, el primer par de zapatos de cuero para los pasos de mi vida. Antes los caminos sólo sabían de mis tropezones y mis alpargatas. Al mediodía regresamos al pueblo, yo con mis zapatos nuevos y él con la certeza de que su hijo era pobre otra vez y por tanto debía seguir trabajando: es que para los papás de mi tiempo el trabajo era más que el salario recibido. Hoy creo que sucede lo contrario”.
De nuevo se quedó como dormido al comienzo de una mirada azul que salía por la ventana e iba por ahí hasta mil novecientos.
“Como siempre que salía, y antes de volver al abrazo de mamá, que para él era la casa, papá fue a la droguería a comprar algún remedio que generalmente no necesitábamos (quizás por eso yo ahora me enfermo a cada rato), y me dio permiso para ir al parque donde mis amigos jugaban al fútbol. Estaba tan emocionante el partido que no me aguanté las ganas y entré a jugar con mis zapatos nuevos.”
Aquí el viejo se detiene, inmortal, me mira con ojos de tragedia y boca que sonríe, como si el recuerdo de la catástrofe fuera feliz, un juego, y dice:
“Pues los pinches zapatos no aguantaron hasta el final del partido. Se dañaron de tanta patada contra el cuero. Quedaron inservibles. Tanto trabajo para nada, y además, para colmo, quedamos cero a cero”.
Ahora el viejo se nota cansado, mira alrededor e intenta pararse de su asiento, como si quisiera irse. Pero no, decide quedarse, me mira y me dice, como dejándome una herencia:
–¿Sabe qué, señor?: a mí desde ese día ese deporte no me gusta. 

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20/6/14

HÉCTOR FREIRE: TRES POEMAS 
- BUENOS AIRES, ARGENTINA -


VIAJE AL INTERIOR DE LAS COSAS


  En los poemas de “Satori” e incluso en “Voces en el interior del sueño de la piedra” de Héctor Freire se experimenta la inagotabilidad del sentido. La vida se escabulle y la contingencia de este devenir es pura ilusión. Aunque se evidencia un retaceo de la figura humana, la presencia de la mirada profundiza todo aquello que aparece y que deslumbra y que a la vez invita a continuar la búsqueda incesante de ese sentido que el mundo otorga a cuenta gotas pero que promete seguir regalándose si la pasión de mirar no claudica. Héctor Freire aceptó el  reto de no abrigarse en el yo lírico, hay algo de templanza y de desafío en esta voz que hurga y encuentra la belleza incluso en la aridez, en lo inesperado. El gesto de sorpresa apenas se asoma pero la fascinación ante lo visto estalla dentro del poema. Y lo curioso es que la escritura no  siempre suele encontrar su disparador en la tridimensionalidad de la vida sino en la bidimensionalidad de la fotografía y del cine, el buceo entonces es un desafío mayor. La belleza rescatada como el resultado de un auscultar exquisito se muestra en su desnudez. Tomar el perfil exacto, sin merodeo, de un zarpazo pero a la vez con delicadeza.  Poesía de la interioridad, de sentido apretado. Se trata de franquear una puerta que entreabre otras puertas en una infinita búsqueda. Cierta parquedad de esta voz vuelve al poema en una zona misteriosa, misteriosa incluso en las franjas de sus descubrimientos.  Lo desplegado, lo visto, lo hallado en este buceo, en este peregrinaje muestra sólo un perfil,  suficiente y deslumbrante, pero el viaje de descubrimiento es una promesa  que  la escritura apenas deja soslayar. Leer estos poemas supone aproximarse a las cosas del mundo sabiendo que  lo que queda afuera  del acto de conocimiento es inmensamente mayor y majestuoso. El poema se propone así como una aproximación, una aventura que opaca  el ego. Textos epifánicos; la literatura en su mejor expresión.

Claridad sin sol
(Contemplación de una vieja fotografía)

                                              Lo real debería ayudar a vivir los sueños
                                                                                                     Para Tito

La boyita blanca se hundió de golpe y sin avisar,
y un pez plateado iluminó el agua como el follaje
encendido de los árboles en las tardes de otoño.
En ese "instante vacío" los tiempos sen entrecruzan
y nuestra relación con el paisaje se invierte:
más que recordar sentimos que el pasado nos recuerda.
-Pero la memoria es aquello que a medida
 que nos acercamos nos aleja.-
Ahora el viento persiste con su  presencia sin cuerpo
y barre las hojas ante la claridad que muere:
-Paciencia y lentitud.-
La luz se ha comprimido en el rincón 
más oscuro de la fotografía,
tiene miedo de estar perdida:
el peso de las sombras cierra todas las puertas,
y finalmente desaparece , como el recuerdo
de aquella escena junto al lago e la que mi padre
me habló   de los  misterios de la pesca.
A veces, se tiene la impresión de habitar una imagen,
el sentimiento de que el tiempo, al igual que aquel pez,
súbitamente está fuera del cuadro.
Y en silencio avanza, y a medida que crece su presencia
disminuye la del que la contempla.
Sin movernos , la memoria nos cambia de lugar,
nos da y quita realidad.

                                            "Satori" Ediciones en Danza, Bs. As. 2010.

                                              *****

Paradoja

La araña hila
una oscura plegaria
alrededor del insecto paralizado,
armoniza su apetito
con pequeños gestos
bajo la lluvia.
Mientras, los pájaros
ensayan su canto vespertino.
Así de simple:
en el instante de máximo equilibrio,
la destrucción sucede.

                                                "Satori" Ediciones en Danza, Bs. As. 2010.

                                                *****
Jardín zen*

El tiempo ancló ahí su punzante trabajo de cirugía.
Sin embargo, esa piedra simple, irregular, austera,
parece restituir al jardín la luz lunar almacenada.
Su escrupulosa exactitud hace que el grano de arena
más ínfimo se convierta en infinitos destellos.
De tanto ser mirada, esa "piedra de sol"
se ha vuelto transparente, su realidad innata
hace del ritmo  del cielo un mar sin espesura.
El instante que brilla  y se abisma en sí mismo,
y nunca desaparece por completo.
Hay momentos imposibles de medir y contener:
son bendiciones inmerecidas e imprevistas.
Semillas que estallan y describen
la naturaleza inmóvil del tiempo.
Ahora la luz, en el centro del jardín,
se vacía de su sombra:
un pájaro se ha detenido en el aire.
Es como un sueño que no encuentra cuerpo para soñar
un agua muerta de tanto estar despierta.

*  
En el templo Ryoanyi de Kyoto, hay un jardín zen de arena blanca y grano grueso que tiene la virtud de reflejar los rayos de la luna. Esta arena, rastrillada por los monjes en rectos surcos paralelos o en círculos concéntricos, forma una "pintura abstracta" en torno a rocas irregulares.
                                                            "Satori" Ediciones en Danza, Bs. As. 2010.



Héctor J. Freire nació en Buenos Aires en 1953. Poeta. Profesor de Letras, crítico literario y de cine. Fundador de la Primera escuela Literaria del Teatro IFT. Fue Jurado del Fondo Nacional de las Artes (género ensayo). Director de la revista Rizoma. Forma parte del Consejo de Redacción de la revista Topia  (Psicoanálsis, sociedad y cultura) . Jefe de la revista de poesía Barataria, y feje de Eidción de la revista cultural La Pecera (Mar del Plata).  Fue guionista del programa televisivo DNI. Publicó los libros: "Literatura y cine"  (1996),  " Sostiene Tabucchi"  (1999), "De cine somos; críticas y miradas desde el arte" (2007). Coeditor de "Insignificancia y autonomía "  -debate a partir de Cornelius Castoriadis- (2007), "El cine y su laberinto -  literatura, pintura y sociedad" (2009).
En Poesía: "Quipus"  (1981) "Des-nudos"  (1984). "Voces en el interior del sueño de la piedra" (1991), "Poética del tiempo" (1997) y "Motivos en color de perecer" (2003), que obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las artes. Integra la antología "La poesía del siglo XX en Argentina  (Colección Visor de Poesía, Madrid 2010).  Uno de sus libros ha sido traducido recientemente al francés.

Fuente: 
publicado por Irma Verolín en

2/6/14

Un minuto de palabras por Maya Angelou



El 28 de mayo falleció en Salem, a los 86 años, la poeta, actriz, cantante, defensora de los derechos humanos y desnudista estadunidense, Maya Angelou, quien nació en Saint-Louis en 1928. Residió en Egipto y Ghana donde conoció a su gran amigo Nelson Mandela. Fue la autora del guión y de la música de la película Georgia. Aquí uno de sus libertarios poemas.


SÉ POR QUÉ CANTA EL PÁJARO ENJAULADO

El pájaro salta en libertad
sobre el dorso de la victoria
y flota río abajo
hasta donde termina la corriente
y sumerge sus alas
en los rayos de sol de color naranja
y osa reclamar el cielo.

Sin embargo, un pájaro que atisba
bajo su estrecha jaula
rara vez puede ver a través de
sus barrotes de furia
sus alas se recortan y
sus patas están atadas
lo que abre su garganta al canto.

El pájaro enjaulado canta
con trino de miedo
por las cosas desconocidas
pero aún con anhelo
y se escucha su melodía
en el lejano castro el pájaro enjaulado
canta a la libertad.

El pájaro libre piensa en otra brisa
en un intercambio de suaves vientos a través de árboles
suspirando
y los gusanos de grasa en el césped esperando por un amanecer brillante
y da nombre a su propio cielo.

Pero un pájaro enjaulado se halla en la tumba de los sueños
su sombra grita en un grito de pesadilla
sus alas se recortan y sus patas están atadas
lo que abre su garganta al canto.
El pájaro enjaulado canta
con un trino de miedo
por las cosas desconocidas
pero aún con anhelo
y su melodía se escucha
en la colina distante
el pájaro enjaulado
canta a la libertad.
 



Con-fabulación Nº 329 - Colombia
DIRECTOR: Gonzalo Márquez Cristo. EDITORES: Amparo Osorio, Iván Beltrán Castillo. COMITÉ EDITORIAL: Fabio Jurado Valencia, Carlos Fajardo. CONFABULADORES: Óscar Collazos, José Chalarca, Marcos Fabián Herrera, Maldoror, Sergio Trujillo Béjar, Fabio Martínez, Fernando Maldonado, Gabriel Arturo Castro, Guillermo Bustamante Zamudio. EN EL EXTERIOR: Alfredo Fressia (Brasil); Antonio Correa, Iván Oñate (Ecuador); Rodolfo Häsler (España); Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva (México); Luis Alejandro Contreras, Benito Mieses, Adalber Salas (Venezuela); Renato Sandoval (Perú); Efer Arocha, Jorge Torres, Jorge Najar (Francia); Marta L. Canfield, Gabriel Impaglione (Italia); Luis Bravo (Uruguay); Armando Rodríguez Ballesteros, Osvaldo Sauma (Costa Rica).
 

24/5/14

 
Lima: "como quien pela una fruta"


De LA CIUDAD DEL POETA
Por Carlos Fajardo Fajardo
Lima gris, bárbara, seductora; Lima de bruma y mar, costera y bien andina. Allí su Plaza Mayor, allá su híbrido barrio de Barranco; he aquí el centro de la ciudad desordenado y bullicioso, la extensa alameda y sus canciones. Los días de Chabuca Granda ya pasaron, ahora queda el mito, el sueño, sólo el sueño.

En Lima, Carlos Oquendo de Amat me esperaba con sus 5 metros de poemas. Tuve la fortuna de toparme con él en la Librería Ibero, en una calle del Barrio Miraflores. Me habló de sus 5 metros de poemas:

—Fue el único libro de poemas que escribí. Tenía 19 años y una mujer parecida a un canto. Lo publiqué en el 27. Luego me dediqué a liberar a mi pueblo, a luchar por el socialismo, su destino. En vida fui torturado, encerrado en oscuros calabozos, desterrado de mi patria pobre. Adquirí la tuberculosis en la prisión de El Frontón. Viajé deportado hacia Costa Rica, México, Francia, hasta que no resistí más y en el hospital de Navacerrada de Madrid cesaron mis horrores un 6 de marzo del año 36. Vaya ironía. Mi libro ahora se lee, se estudia, se nombra.

—Si quiere conocer a Lima, me insinuó, recórrala como leyendo un libro, es decir como quien pela una fruta. Así deseo también que lea mis 5 metros de poemas, donde mi palabra es primitiva como la lluvia o como los himnos.

Caminamos y conversamos un buen rato, tanto que me acompañó hasta mi casa del amor y se ha quedado el sinvergüenza a vivir en ella.

Luego vi el mar, el extraño mar de este sur andino. Se diría que Lima no es nada marina, más bien respira un espíritu andino. De manera que su mar es ornamental; se está físicamente frente a él, pero espiritualmente en la montaña. Qué extraña es Lima: ciudad costera andina.

Por la Avenida Abancay mi mujer y yo tomamos un microbús hacia el centro de la ciudad. Fuimos testigos de los ritos que se ejercitan debido a la pobreza en nuestras ciudades latinoamericanas: el grito de un hombre en la puerta del micro anunciando las rutas, y de tanto en tanto vendedores ofreciendo sus confites. Afuera las calles rodaban como piedras de loco. Contrastes de contrastes. Entre el caos vehicular y la gritería, descubrimos el silencio en el barroquismo de la Iglesia de la Merced, y en la sobrecogedora Plaza Mayor, abarrotada de turistas, vimos pasearse el hambre, la miseria de una gran parte de este pueblo milenario. En la noche, la casa de Chabuca y las calles de Barranco convertidas en barrio-museo para despistados viajeros.

He aquí a Lima con su garúa; la que rodeada de mar canta a la montaña. Bajo la llama del sol esperamos a que nos acogiera su delirante recuerdo. Escuchamos la ciudad. Hojas caían de los árboles. Detenidos en las calles, buscamos palabras para nombrar esta tierra de cultura profunda donde aún se siente un fuerte poderío. Sur del Sur. Ciudad Inca donde se quedó mucho de nosotros. Recordamos al grande de Oquendo, sus amorosos versos: Tu nombre viene lento como las músicas humildes y de tus manos vuelan palomas blancas. Mi recuerdo te viste de blanco.

Ah, Lima, déjanos al menos encontrarte en tu incaica memoria; déjanos tus ojos para ver mejor los duros y antiguos caminos; regálanos tus ancestrales y múltiples rostros; danos tus pupilas para llegar a contar lo que hemos visto a través de ti.

- Con-fabulación Nº 323 - Colombia
- E-mail: confabulacion33@gmail.com
 

10/5/14

ARS POETICA

por Juan Carlos Céspedes (Siddharta) 



Ejerzo el más peligroso de los oficios;
la querella contra el viento y la manipulación del fuego.
Juego con serpientes que se disfrazan de palabras,
tengo los brazos marcados de los colmillos de la noche
y escribo cuando el día destila su agonía.
Sé que los poetas han gastado su vida intentando definir la poesía,
pero nunca asumiré este reto por saber que ello es imposible.
Si esto sucediese, no habría salvación para el hombre
ni lugar dónde guarecerse.
Vivo del milagro diario de mis manos y espero paciente al caminante
con mi daga en cualquier esquina de una hoja en blanco. 





2/5/14

Desde la Argentina nos visita nuestra amiga, poeta Lina Caffarello

 

RONDÓ  DE  PARÍS

                                                     París es una enorme metáfora.
                                                                                    Julio Cortázar
                                                                                                              RAYUELA, Cap.26


París de la Cité profunda y celta,
de isla de Saint Louis,
gótica de Notre Dame y gárgolas perpetuas.

París, mapa de caracol,
de calles envueltas en llanto de caballos,
con casas coronadas de plomo y caravanas de conductos
que respiran tristes amarillos en la niebla.

París del Montparnasse que ahoga catacumbas.
Del albo Sacré Coeur en lo alto de Montmartre.
De la Bastille de muros invisibles.
Del túrbido Saint Jacques.
D'Orsay, andén devenido impresionista.
Del arco iris que eriza el Pompidou.

París de la Étoile,
de Champs-Élysées enfilados hacia el Louvre,
a su glasé de humo y humedad.

París de torre Eiffel, hierro y laberinto,
candelabro hueco que enciende la fiesta noche a noche
para pintar de vida, al fin, la Ciudad Luz.


* Ensayista, poeta, pianista y fotógrafa artística: Lina Caffarello de Buenos Aires, Argentina. 


1/5/14

ORO 18/ EL ESPACIO DEL POETA /
 Yannis Ritsos 
(Monemvasiá, Grecia,
1 de mayo de 1909 - 11 de noviembre de 1990)

Selección y Notas: Reynaldo García Blanco

Este 1º de mayo, a la par de estar celebrando el Día del Trabajo, debiéramos al menos brindar por el aniversario 105 del nacimiento de ese otro trabajador de la palabra que fue Yannis Ritsos. Por ahí andan fotos de su visita fugaz a La Habana, en 1966.
Poesía de claridad atravesada por un humanismo a toda costa. Criticado por algunos por su estancia en una izquierda dura y poética que le llevó a la prisión, a la vez es elogiado también por la asunción que hizo de la obra de otro grande de la literatura griega  con Doce poemas para Kavafis.
Por aquí está el mundo y la atmósfera que nos han legado figuras como Yorgos Seferis, Odysseas Elytis o Nikos Kszanzakis: La palabra como placer. El poema como vía de resurrección.
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EL ESPACIO DEL POETA
(Traducido por Nina Anghelidis)
El negro y tallado escritorio, los dos candelabros de plata,
su pipa roja. Está sentado, casi invisible, en el sillón,
con la ventana siempre a sus espaldas. Tras sus gafas,
enormes y cautas, observa a su interlocutor
bañado en luz, él oculto en sus palabras,
en la Historia, en personajes suyos, distantes, en invulnerables,
captando la atención de los demás en los delicados reflejos
de un zafiro que lleva en el dedo; siempre sispuesto a saborear
las expresiones de los ingenuos efebos en tanto que,
admirativamente, humedecen sus labios con la lengua. Y él,
astuto, voraz, sensual, el gran inocente,
oscila entre el sí y el no, entre el deso y el arrepentimiento,
como si fuera balanza en manos de Dios,
mientras la luz de la ventana detrás de su cabeza
le coloca una corona de perdón y santidad.
“Si la poesía no absuelve – murmuró para sí mismo-
pues no esperemos misericordia de nadie “.

- Reynaldo García Blanco - Stgo.de Cuba, Cuba 
- E-mail:  regabla@cultstgo.cult.cu