24/3/15

Pedro Páramo, 60 años

Debido a que esta semana se cumple el sexagésimo aniversario de la publicación de Pedro Páramo, reproducimos a continuación un fragmento del libro Pedro Páramo - Murmullos, susurros y silencios, de la autoría de Fabio Jurado Valencia, donde este destacado profesor aborda la iniciación crítica de la paradigmática novela de Juan Rulfo. 



Pedro Páramo: Un apunte sobre la recepción de la novela

Es notable la angustia de Rulfo cuando exponía frente a los demás becarios los avances de la novela. Angustia más por sus propias dudas que por los juicios que pudiera recibir. Entre los becarios estaba el poeta Alí Chumacero, quien inicialmente elogia los fragmentos que Rulfo presenta. Parece que cuando Chumacero lee la novela ya publicada no tiene la misma impresión que cuando leyera los fragmentos. Chumacero es el primero que escribe una nota crítica sobre Pedro Páramo. La nota se publica en la Revista de la Universidad, el Nº 8, del volumen IX, de abril de 1955. La novela comenzó a distribuirse en el mes de marzo del mismo año. Es decir, un mes después de publicada, Pedro Páramo iniciaba su vida crítica, la que hoy todavía continúa.
La nota de Alí Chumacero es ambivalente: es prevenida y es elogiosa; habla del autor y habla de los textos:

Su inmediato prestigio nació de unos cuantos cuentos –sencillos algunos, complicados los menos– sobresalientes por la cualidad que ha de ser imprescindible en todo cuentista: la de «saber contar». Frases llanas, provistas de un poder afín a lo terrible y vibrando al transcurrir de argumentos desagradables, siembran esas páginas de premeditadas sorpresas aptas para asombrar incautos pero firmemente estructuradas con la tranquila desesperación de un ávido cálculo literario. Hechos insólitos, recogidos en monótonas maneras monologales, se incorporan a la literatura joven de México por medio de esa manía evocadora de Juan Rulfo. Su libro contiene el balance de varios años de aprendizaje y, con no pocas muestras, se sitúa entre los mejor logrados de nuestras últimas generaciones. (1987: 282).
«Unos cuantos cuentos», «argumentos desagradables», «(páginas) aptas para asombrar incautos», «monótonas maneras monologales», «manía evocadora», son calificativos más resonantes y más incisivos que cuando reconoce que Rulfo sabe contar y que «se sitúa entre los mejor logrados» de las últimas generaciones. No estaba muy convencido Chumacero de los alcances universales de la obra narrativa de Rulfo. Frente a la novela es demoledor. Luego de exaltar la fina construcción de personajes como Pedro Páramo, Susana San Juan y el padre Rentería, al finalizar la nota, Chumacero nos dice:

En el esquema sobre que Rulfo se basó para escribir esta novela se contiene la falla principal. Primordialmente, Pedro Páramo intenta ser una obra fantástica, pero la fantasía empieza donde lo real aún no termina. Desde el comienzo, ya el personaje que nos lleva a la relación se topa con un arriero que no existe y que le habla de personas que murieron hace mucho tiempo. Después, la llegada del muchacho al pueblo de Comala, desaparecido también, y las subsiguientes peripecias –concebidas sin delimitar los planos de los varios tiempos en que transcurren– tornan en confusión lo que debió haberse estructurado previamente cuidando de no caer en el adverso encuentro entre un estilo preponderantemente realista y una imaginación dada a lo irreal. Se advierte, entonces, una desordenada composición que no ayuda a hacer de la novela la unidad que, ante tantos ejemplos que la novelística moderna nos proporciona, se ha de exigir de una obra de esta naturaleza. Sin núcleo, sin un pasaje central en que concurran los demás, su lectura nos deja a la postre una serie de escenas hiladas solamente por el valor aislado de cada una. Mas no olvidemos, en cambio, que se trata de la primera novela de nuestro joven escritor y, dicho sea en su desquite, esos diversos elementos reafirman, con tantos momentos impresionantes, las calidades únicas de su prosa. (1987: 285).
En México ha existido la idea de que un escritor no puede serlo de una obra o de dos sino de muchos libros. Pedro Páramo es, para Chumacero, la novela de un principiante, de la cual sólo se puede rescatar el «valor aislado» de cada una de las escenas, es decir, de los fragmentos que él había conocido en el Centro Mexicano de Escritores. El crítico espera una novela que se ajuste a la estructura canónica del género: con una ordenada composición, con «núcleo» y «pasaje central». ¿Qué tanto influyó esta nota crítica para que Rulfo desistiera de «entregar» una nueva novela y que destruyera algunos borradores?. Para bien o para mal; no lo sabemos. Lo interesante es que en el mismo año, unos meses después de que Chumacero publicara su artículo, otro mexicano, Carlos Fuentes, en París, escribe una nota muy elogiosa sobre la novela de Rulfo, la que será reimpresa en el Nº 8 (1956) de la revista Mito, en Colombia.
Así, dice Fuentes, también en 1955:
Con Pedro Páramo, publicada recientemente por el Fondo de Cultura Económica en su serie «Letras Mexicanas», el joven escritor Juan Rulfo renueva y fertiliza el campo de la novelística mexicana. Esta, después de los grandes testimonios de Martín Luis Guzmán (El águila y la serpiente) y Mariano Azuela (Los de abajo), verdaderos reportajes, que alcanzan la emoción en virtud de la brutalidad y sencillez dramática de los hechos narrados, no había podido superar el carácter naturalista, exterior, de tesis, a que esas dos obras parecían condenarla. Ahora, Rulfo ha comprendido que toda gran visión de la realidad es obra, no de la copia fiel, sino de la imaginación, y, como Orozco y Tamayo en la pintura, como Octavio Paz en la poesía, ha captado los tonos de la naturaleza interna de México. (1956: 32).
Le apostó Fuentes, sin ambages, a esta novela por entonces extraña, y ganó con la apuesta; notas posteriores suyas reconfirmarán sus intuiciones al ver en Pedro Páramo la novela culminante, de ruptura, de la literatura mexicana. Y Fuentes parece responder a las observaciones agudas de Chumacero:
Esta recreación es expuesta por Rulfo mediante una alteración del tiempo que no es fortuita: ella obedece a la acumulación desordenada de la memoria mexicana, al sentido de las superviviencias, de las pugnas jamás canceladas, de las sangres derrotadas y victoriosas que se agitan en el ser de México. Y dentro de este plan de reflexivo desorden, Rulfo nos habla, en primer término, de una naturaleza que retrata un conflicto. La capacidad de recreación poética de Rulfo frente a la naturaleza es muy semejante a la de D. H. Lawrence. Como en el autor de La serpiente emplumada, en Rulfo la descripción natural no es nunca algo aparte, un descanso, sino un todo ubicuo que se integra, desde las primeras páginas en la conciencia del lector y de los personajes: «Mi pueblo, levantado sobre una llanura. Lleno de árboles y hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos». (1956: 33).

Carlos Fuentes se adelanta a las hipótesis interpretativas que la mayoría de los críticos señalarán en torno a la novela: detrás de la supuesta ilogicidad hay una coherencia que tiene que ser reconstruida por el lector; la «des-estructuración» de la novela se corresponde con la des-estructuración cultural del mundo de los mexicanos, lo que permite comprender su carácter altamente sincrético.

Con-fabulación Nº 367
- Colombia

11/3/15

Cuánto cuesta ponerle el punto final a una historia


La literatura universal está llena de obras maestras que los lectores consideran perfectas, pero sus autores nunca dan por terminadas; casos que ilustran la máxima.




En el célebre arranque de su novela El final del romance, Graham Greene escribió: "Una historia no tiene ni principio ni final: uno escoge arbitrariamente el momento de la experiencia desde el que mira adelante o hacia atrás". Tal vez los novelistas puedan elegir el momento narrativo desde el que comienzan su relato, incluso aquel con el que lo acaban. Pero otra cosa muy diferente es cuándo terminan de escribir una obra, porque muchos autores sienten que no lo hacen nunca. "Borges decía que el concepto de «obra definitiva» es sólo fruto de la teología o del cansancio", recuerda Alberto Manguel, autor de Una historia de la lectura y lector del autor argentino cuando perdió la vista.

La relación de los escritores con sus obras es tan intensa como la relación con sus propias vidas: algunos prefieren no mirar atrás, otros no paran de hacerlo, algunos son perfeccionistas hasta el infinito, otros prefieren que las obras se queden como están. La mayoría de los autores, lo confiesen o no, no puede evitar observar por la cerradura su vida y, por lo tanto, de su escritura. Desde Marguerite Yourcenar hasta Juan Ramón Jiménez, Milan Kundera, Ludwig Wittgenstein, que rechazó las tesis de la obra que lo convirtió en un autor mundialmente famoso, El Tractacus lógico-philosophicus, o Kafka, que pidió la destrucción de todos sus libros, la literatura universal está llena de obras maestras, que los lectores consideran perfectas, pero cuyos autores nunca dieron por terminadas.

"La reescritura siempre ha sido para mí una norma de trabajo, un texto artístico se puede corregir interminablemente", explica el poeta y narrador José Manuel Caballero Bonald, premio Cervantes en 2012, cuyas poesías completas están reunidas en Somos el tiempo que nos queda. El novelista Juan Goytisolo, que el próximo recibirá el máximo galardón de las letras españolas, también es un inagotable corrector: "He suprimido páginas enteras de Juan sin Tierra y en otras obras no he tocado nada, más allá de alguna errata. Toco cuando encuentro que lo que escribo no se corresponde con lo que espero del libro. La obra que cuenta es la que decide el autor. El que tenga una edición antigua de Juan sin Tierra o de La saga de los Marx debe saber que existe una edición posterior. La última es la que cuenta". "En todos he cambiado cosas", confiesa, por su parte, Javier Cercas, que publicó a finales de 2014 El impostor y una reedición de El vientre de la ballena, su tercera novela, en la que introdujo notables cambios. "Le hice una auténtica liposucción, porque tenía la intuición de que la novela era celulítica y que dentro de ella había un buen libro; creo que la intuición era exacta", afirma el escritor, que antes había convertido su primera obra, el libro con cinco relatos El móvil, en una novela corta con uno de ellos. 

"Ahora estoy releyendo Soldados de Salamina porque se va a publicar en mayo una edición revisada. He corregido adjetivos, más de una frase de sintaxis pedregosa, incluso algún anacronismo. Los poemas no se acaban, decía Valéry, sólo se abandonan; con los libros pasa lo mismo."

Los ejemplos son infinitos. La narradora Marta Sanz reescribió su novela La lección de anatomía, publicada en 2008 y reeditada en 2014. "No sentí que traicionase a los lectores de la primera versión, al contrario, estoy muy agradecida de que me dieran la oportunidad de reescribir mi libro", explica. "Si el autor tiene sentido de la autocrítica, tiende a mejorar las cosas. Desengrasé el estilo. Es en realidad un libro nuevo porque incluí dos capítulos y parcelé de otra forma toda la narrativa. El bueno es el último porque reflejamos lo que aprendemos."

También están los escritores que, una vez terminado el libro, cuando éste ha empezado su vida propia, se dan cuenta de que existen historias que, como ramas, surgen de sus páginas. El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince -con su libro La Oculta de próxima aparición- explica cómo surgió una nueva obra de su novela más célebre, El olvido que seremos. Sin embargo, Abad Faciolince no es partidario de volver sobre lo escrito. "Creo que un libro es una especie de espejo de lo que uno era en el momento que lo escribió. Como uno deja de ser el que era, ya hay muchas cosas de los viejos libros que te suenan extrañas, ajenas, incluso malas, entonces uno tiene la tentación luciferina de cambiarlas. Pero al cambiarlas, el libro se vuelve un híbrido que ya no funciona, pues el escritor de hoy es distinto al de hace 20 años, y los libros corregidos por el mismo autor quedan raros, como si hubieran sido escritos a dos manos", explica.

http://www.lanacion.com.ar/1775051-cuanto-cuesta-ponerle-el-punto-final-a-una-historia

24/2/15

Safo, aristócrata y mujer de letras   


por
 
Lina Caffarello - Argentina


Emprendedora, brillante y discutida, Safo ha llegado hasta nuestro siglo para señalar un claro precedente de la participación de la mujer en los comienzos de la creación  poética. 

El nacimiento de Safo se sitúa entre los siglos VII y VI a.C. en Mitilene, ciudad de la isla de Lesbos.   Como todos los poetas de esa isla, escribió sus versos en dialecto eólico.

En la Hélade (el antiguo mundo griego), la mujer carecía de derechos ciudadanos y vivía recluida en su casa, presa de la ignorancia.   Se trataba de una sociedad con un concepto muy arraigado acerca de que el amor como tal sólo se entendía entre hombres, por lo tanto, el trato que mantenían con su mujer se limitaba al contacto imprescindible para procrear hijos varones, que luego serían educados como futuros  guerreros.

Safo, de espíritu indomable, amante de la libertad, se enfrentó con Pitaco, el tirano que gobernaba en Lesbos, quien no dudó en desterrarla y enviarla a Siracusa (Sicilia).

Al volver, Safo congregó a un grupo de jóvenes mujeres y formó una escuela cuyos cantos líricos consagró a Afrodita, divinidad protectora del amor y de la belleza. 

Apoyada por su pertenencia a la más rancia aristocracia, Safo opuso el mundo femenino como reto a la represión de una sociedad eminentemente machista, lo que le valió el rechazo y la ridiculización de los críticos y sátiros de la época, que no vacilaron en transformar su gentilicio de pertenencia geográfica, lesbiana, en otro tipo de adjetivo.

Si bien sus textos fueron estructurados desde la percepción femenina, Safo no asumió una actitud de desprecio hacia el varón, sino que expuso su concepto sobre el “hombre ideal”, que era justamente lo opuesto al ideal de hombre (brusco, hostil y combativo) que imperaba en la antigua Grecia.

Apenas se han podido reunir cerca de doscientos fragmentos de sus versos líricos y de epitalamios o cantos nupciales  (luego denominados versos sáficos).

Platón, dos siglos después, la señaló como la “décima musa”.  Su obra tuvo una influencia decisiva sobre muchos poetas griegos y otros más cercanos, como Byron y Rilke. 

Hoy Safo está considerada como el máximo exponente de la escuela de Lesbos, conformando una de las expresiones más sorprendentes de la Grecia preclásica.
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Algunos fragmentos:


Me parece que  es igual a los dioses
aquel hombre
que se sienta frente a ti
y escucha de cerca
mientras hablas dulcemente



Pues sólo para verlo es bello el bello,
en cambio el bueno enseguida será bello


Ay, dulce madre,
no puedo ya tejer esta tela,
muero de amor por un muchacho
por culpa de la grácil Afrodita


¿Con qué, novio, podría yo bien compararte?
A un sarmiento frondoso de vid te comparo


Amor me ha sacudido el alma,
como el viento desde el monte
embiste a las encinas


Se ha ocultado la luna,
las Pléyades también, está en su medio
la noche, la ocasión se va pasando,
y yo acostada, sola

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Extractado de la ponencia de Lina Caffarello -Buenos Aires, Argentina-, presentada en la VIII Convención Internacional de Escritores en Lenguas Europeas -Málaga, España-.

11/2/15

Eduardo Galeano                                                           

Me caí del mundo y no sé cómo se entra

 




Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

Se entregaron inescrupulosamente a los desechables. Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. Ni los desechos nos resultaron muy desechables. Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

¡No, yo no digo que eso era mejor! Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
Guardo los vasos desechables.

Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez.
Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos.

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. Es más, se compraban para la vida de los que venían después.
La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.
Nos están fastidiando. Yo los descubrí, lo hacen adrede. Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.
¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.
El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura. ¡Lo juro! Y tengo menos de… años
Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII).
No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan.
Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no,  eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado. Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo. 

¡Pero, por Dios! ¡Mi cabeza no resiste tanto!
Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.
Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombrecomo para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡Toooodo! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema; nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?
En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡Cómo guardábamos! ¡Todo lo guardábamos! Guardábamos las tapas de los refrescos. ¿Cómo para qué?  Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. Todo lo guardábamos.
Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡Los diarios! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡ni a Walt Disney!

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, ¡pero  minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡Ah, no lo voy a hacer! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables, que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.

31/1/15

Los estribos de Gengis Kan



Por Rubén Darío Flórez*

En las estepas de Asia Central vivió Gengis Kan.  Su dominio se extendía hasta Mongolia y el Cáucaso.  Sus tropas a caballo fueron por el sur de Rusia y llegaron a Viena. Vivían en hordas, palabra que se transformó en sonido de guerra, aunque significa casa. La palabra existe en castellano, evidencia del poder de la leyenda.  Gengis Kan adoraba los caballos.  Entonces un hombre era sobre todo un jinete.  Vivían, hacían asambleas, conversaban, dormían a caballo.

La unidad con el caballo se debió a un invento genial. Permitía al jinete seguir galopando con las manos libres para arrojar flechas silbantes. ¿Cómo era posible esta amalgama con el caballo? Por el estribo. La palabra está en todas las lenguas occidentales: Stirrup en inglés, stremia en ruso, etrier en francés. El estribo fue una revolución en las comunicaciones y en el arte de la guerra, como el celular.  Un hombre a caballo y estribo era un ser fantástico, invencible.

El caballo fue símbolo de poder.  Cuenta la leyenda que Gengis Kan el fundador del Estado de Mongolia, había llegado a las montañas del Cáucaso.  Esto lo escuché en un trancón en Moscú.  Sin poder movernos -en medio de la avenida a las ocho de la noche- el taxista del Cáucaso me habló de caballos en un Mercedes Benz inservible en el trancón.  Iusub contó que estando Gengis Kan de paso en el Cáucaso, con sus imparables jinetes llevaba un caballo, el más hermoso que existía en el Asia Central, de crines largas. Era negro como la noche, infatigable, veloz.

Gengis Kan cabalgaba por horas con los dedos de los pies sostenidos en equilibro sobre los estribos.  La leyenda cuenta que su mirada se quedaba detenida, inmutable mientras miraba al interlocutor.  Era signo de su majestad.  La noche cuando llegó a las montañas, con sus campamentos, caballos y guerreros, su potro quedó en la caballeriza. En la madrugada el Gengis Kan quiso el caballo, fueron por él y no estaba.  Había sido robado. 

Enviaron emisarios por la región. Ninguno habló de venganza o retaliación. Las palabras sobraban si eran los emisarios del Kan quienes exigían el caballo. Al medio día llegó un muchacho del Cáucaso al campamento. –Sé dónde está el caballo- dijo. Llevaron al muchacho a donde el Kan. 
 - Me enamoré del caballo, quise probar que nadie se daría cuenta cuando lo tomara. Tenía un sueño montar el caballo de Gengis Kan. Y miró fijamente a los ojos del príncipe mongol. Todos estaban en vilo. Había robado el caballo del Gengis Kan, lo había montado, le decía en su cara lo que había hecho y miraba de frente. 

El Gengis Kan, que había derrotado imperios, que estremecía a pueblos en oriente y occidente, estaba frente a un desconocido muchacho que robó su caballo favorito. No le dijo nada y se acercó. Con un gesto tomó del caballo los estribos y se los dio al joven. 

Dice la leyenda -que contó Iusup en el taxi inmovilizado en medio del trancón- que el muchacho fue soldado de la guardia del Gengis Kan. La leyenda tiene siglos en el Cáucaso.

* Escritor, Ministro Consejero de la Embajada de Colombia en Moscú


Con-fabulación Nº 353 - Colombia

15/1/15

Murió en París el escritor entrerriano Arnaldo Calveyra  
                                            

El poeta y novelista había nacido en 1929 en la localidad de Mansilla -Entre Ríos, Argentina-, estaba radicado en Francia desde 1960 y era considerado por la crítica como el mayor poeta argentino vivo.

El prestigioso poeta, novelista y dramaturgo residía en la capital francesa, donde fue condecorado por el gobierno galo con la Ordre des Arts et des Lettres.

Calveyra cursó estudios en 1943 en Concepción del Uruguay, tras lo cual se mudó a La Plata.  En la capital bonaerense estudió filosofía. Obtuvo una beca y en 1960 se instaló en París, donde conoció y trabajó junto a Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, Claude Roy, Gaëtan Picon, Cristina Campo y Laure Bataillon.


http://www.lanacion.com.ar/1760762-murio-en-paris-el-escritor-entrerriano-arnaldo-calveyra
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-5516-2015-01-25.html

1/1/15

Felices lecturas en el 2015                          


El año nuevo es un libro sin abrir que despierta un temblor esperanzado


La lectura es un puerto de partida, un viaje, una aventura, una ventana, un horizonte. Los libros nos hacen por dentro, aún los que no leímos forman parte de nuestra subjetividad. Se derraman en adjetivos en las charlas: quijotesco, dantesco, kafkiano. Se entrelazan con las imágenes del cine y con los cuentos que nos narraron. Se hacen amigos nuestros que comparten el hastío de la espera. Descubrimos que hay autores, personajes que pensaron y sintieron como nosotros y pueblan nuestra soledad. Nos vuelven detectives que buscan lo escondido del iceberg. La literatura tiene muchas formas de nombrar y contar los pocos temas elementales. Los libros son escaleras para escaparse de la banalidad. Instrumentos para reflexionar. Maneras de salir de un mensaje único que la sociedad de masas (a través de los medios de comunicación) tiene preparado para nosotros. El sentido de la vida puede estar en la línea de un libro, o quizás el sentido sea su búsqueda. Ese viaje nos dará el placer de encontrar fulgores dormidos  que algunas veces se despiertan con nuestra mirada.

Cristina Villanueva
Escritora argentina 

12/12/14

 Antonio Pigafetta


(1480 - 1534)  
                                                             
De El Libro de la Tierra – Antología Mayor, que contiene textos de 101 geniales autores, publicamos “Rumbo a Brasil” del geógrafo y cronista italiano Antonio Pigafetta, perteneciente a su delirante obra Primer viaje alrededor del mundo.
La gran antología (publicada por la Colección Los Conjurados) que posee escritos esenciales de Humboldt, Bolívar, Esopo, Luciano, Swift, Wilde, Lagerlöf, Kafka, Saint-Exupéry, Da Vinci, Copérnico, Bruno, Galilei, Kepler, Gauguin, Huygens, Newton, Darwin, Marx, Engels, Boltzmann, Freud, Perse, Chuang Tsu, Li Po, Wang Wei, Nezahualcóyotl y Whitman, entre otros decisivos autores, privilegia la fuente primaria y la imaginación de destacados científicos y artistas que han enaltecido la raza humana.


 RUMBO A BRASIL

Cuando los días eran serenos y el mar estaba en calma, nadaban próximos a nuestra nave enormes peces llamados tiburones. Estos peces están provistos de varias hileras de dientes poderosos y si por desventura cae un hombre al mar, lo devoran sin tardanza. Nosotros pescamos algunos con anzuelos de hierro; pero los más grandes no son comestibles y los pequeños no deben ser apreciados.
Durante las tormentas vimos con frecuencia al Cuerpo Santo, es decir a San Telmo. En una noche muy negra se nos apareció como una hermosa antorcha en la punta del mástil, donde permaneció durante dos horas, lo que fue de gran consuelo en medio de la tormenta. En el instante en que desapareció se produjo una intensa claridad y entonces quedamos encandilados por algún tiempo. Fue un signo venturoso, pues nos creíamos perdidos, pero el vendaval cesó en ese preciso momento.
Vimos aves de diferentes especies: unas que no tenían cola, otras que no hacen nidos pues están desprovistas de patas, pero la hembra pone e incuba sus huevos sobre el lomo del macho en pleno mar. Hay otras llamadas «cágala» que viven del excremento de las otras aves y yo vi asiduamente a una de aquellas acosando a otra con saña hasta que la asediada le lanzó su estiércol, que la perseguidora devoró con avidez. Vi también pescados voladores y otros reunidos en tan inmensa cantidad que parecían formar un banco en el océano.
Al cruzar la línea equinoccial, acercándonos al polo Antártico, perdimos de vista la estrella Polar. Dejamos el cabo entre el sur y el sudoeste y tomamos el rumbo a la tierra que se llama de Verzino (Brasil) por los 23° 30' de latitud meridional. Este territorio es una continuación del cabo de San Agustín, por los 8° 30', con la misma latitud.
Allí tomamos una abundante provisión de aves, de patatas, de una especie de fruta similar a la semilla del pino –que sin embargo es demasiado dulce y de un sabor delicioso–, de cañas muy dulces, de carne de un animal llamado anta, de sabor similar a la carne de vaca... Hicimos allí buenos negocios: por un anzuelo o un cuchillo nos daban entre cinco y seis gallinas; dos gansos por un peine; por un espejo pequeño o un par de tijeras obteníamos el pescado necesario para alimentar a diez personas; por un cascabel o una simple cinta los indígenas nos entregaban una cesta de patatas, nombre que se da a tubérculos parecidos a nuestros nabos y cuyo gusto se aproxima al de las castañas. En forma igualmente favorable cambiábamos las cartas de los naipes, y por un rey me dieron seis gallinas, creyendo que con ello habían realizado un negocio provechoso.
Entramos a un puerto (Río de Janeiro), el día de Santa Lucía, a los 13 días del mes de diciembre. Teníamos el sol en el zenit, era mediodía y experimentábamos mucho más calor que cuando pasamos la línea equinoccial. La tierra del Brasil, rica en toda clase de provisiones, tiene la extensión de Francia, España e Italia unidas, y pertenece al rey de Portugal.
Aunque los brasileros no son cristianos tampoco son idólatras, porque no adoran nada: el instinto natural es su única ley. Son tan longevos que es frecuente hallar individuos que alcanzan los ciento veinticinco e incluso los ciento cuarenta años. Tanto las mujeres como los hombres viven desnudos. Sus viviendas llamadas boys son como cabañas alargadas. Duermen acostados sobre redes de algodón, que reciben el nombre de hamaks, sujetas por los dos extremos a troncos. Encienden fuego a ras de tierra. Uno de estos boys tiene capacidad a veces para albergar a cien hombres, con sus mujeres e hijos: son por tanto muy ruidosos. Sus navíos, denominados canoas, las fabrican del tronco de un árbol ahuecado utilizando una piedra cortante, porque allí las piedras reemplazan al hierro, metal del que carecen. Estos árboles son tan enormes que una sola canoa puede alojar de treinta a cuarenta hombres, que bogan con remos semejantes a las palas usadas por nuestros panaderos. Al ver su piel tan negra, y verlos totalmente desnudos, sucios y calvos, se les podría confundir con los marineros de la laguna Estigia.

Relazione del primo viaggio intorno al mondo (CreateSpace, 2012).
Traducido del italiano exclusivamente para esta antología por el profesor Roberto Caselli.
  
Con-fabulación Nº 353 - Colombia

26/11/14

NUEVOS MUROS EN EL CINE                         

por  HÉCTOR J. FREIRE   
(Buenos Aires-Argentina)

                                                                                                 En la estatua de la Libertad encontramos la
                                                                                    inscripción: “En este país republicano todos
                                                                                    los hombres han nacido libres e iguales.” Pero
                                                                                    debajo leemos en letra pequeña: “A excepción
                                                                                    de la tribu de los hamo (los negros).” Lo cual
                                                                                    echa por tierra el aserto precedente.  ¡Ay de

                                                                                    vosotros, republicanos!

                                                                                                                             Herman Melville

Metáforas y motivos visuales
Comentó Anton Chejov, que si en el primer acto de una obra de teatro, aparece una escopeta colgada en la pared, en el último acto ésta debería dispararse. De lo contrario, no cumpliría ninguna función relevante. Salvo la de ser un mero objeto decorativo o de relleno. Que en este caso, podría ser reemplazado por cualquier otro.
En el cine, los objetos también deberían cumplir, además de su sentido ornamental o escenográfico, una función “argumental”, dramática por sí mismos. Con frecuencia, estos elementos, que a lo largo del desarrollo de un film, se transforman en metáforas, alusiones o motivos visuales, pasan desapercibidos por el general de los espectadores. Más pendientes de la trama o lo anecdótico del film. O sea, su presencia nunca es gratuita y no sólo obedecen a motivaciones de descripción ambiental. Estos también sugieren, y adquieren una significación que va más allá del hecho de “amueblar el espacio”. Además connotan y enriquecen el sentido de un film determinado. En este sentido, ningún arte potencia tanto la presencia y significación de un objeto, de un motivo visual, como el cine.
Muchos films a lo largo de la historia, demuestran que todo objeto, al menos, tiene dos sentidos: el que otorga la rutina y el que le confiere el asombro de descubrirlos en tal o cual situación.
Ahora bien, ¿cuál es el significado de determinados objetos, de diferentes metáforas o motivos visuales, que en forma repetida aparecen en los films. Y que dan un plus de información para el espectador atento, que los sabe leer y complementar?
Estos motivos visuales, entendidos como instantes significativos, tienen una permanencia suficiente a lo largo del tiempo, y van más allá de determinado género. Tampoco se limitan a una estética o movimiento artístico. Ante ellos el cinéfilo, se comporta más como un “conocedor” que como un simple “espectador”. Este conocimiento, le permite complementar y enriquecer la aportación de imaginario que exigen los motivos visuales. Más cerca al “ya lo conozco”, que al “ya lo ví”. En esta “complicidad que sobrevive” en cada proyección, es donde radica una buena parte del disfrute del arte cinematográfico.
La ventana, la escalera, el teléfono, el tren, el espejo, el puente, el árbol, la puerta, la nave, el automóvil, el laberinto, el muro –como es el caso que nos ocupa en este artículo- , etc. Son junto a las alusiones iconográficas (la piedad, la “sagrada familia”, el descendimiento, la crucifixión), y los motivos visuales espaciales o atmosféricos como el mar, el bosque, el camino, la línea del horizonte, el río, la lluvia, la nieve, la niebla, etc., algunos de los más significativos y reconocibles.
¿Cuál es el sentido de la persistencia de estos motivos visuales, que aparecen diseminados a lo largo de la literatura (El muro,1943, de Jean Paul Sartre), la pintura, la música , el cine (The Wall,1982, Pink Floyd-Alan Parker)? Estos poseen una entidad suficiente por la cual podemos establecer un vínculo entre lo nuevo y la tradición cultural.


Los muros, el Muro

Tradicionalmente, este motivo visual, representó y sigue representado el recinto protector que encierra un mundo. Contiene, separa y evita que penetren los enemigos, “los otros”, los bárbaros, como así también toda influencia nefasta del exterior. Sin embargo, una de sus paradojas es la de limitar el dominio que encierra, y a la vez “asegurar” su defensa. Su valor metafórico se apoya en su altura: significa una elevación por encima del nivel común. Y como motivo visual, en casi todos los films en que aparece, simboliza básicamente: discriminación – exilio – separación – frontera – propiedad - entre países, tribus, religiones, etnias, individuos, clases sociales, “entre los demás y yo”. Con su doble incidencia social y psicológica: seguridad/ahogo; defensa pero también prisión. Y en esencia: todo muro es comunicación cortada, imposibilidad de diálogo.
La Historia
debería ser una referencia constante para no volver a cometer errores (aunque esto no deja de ser una utopía). Desde la antigüedad los imperios han tratado de construir divisiones para impedir la entrada de “indeseables” a su territorio. Pero la misma Historia nos muestra que esas construcciones físicas, no lograron contener las ideas, ni expulsar a los “no deseados”. Los primeros fueron los chinos, que construyeron La Gran Muralla para defenderse de los ataques de los pueblos nómades del norte (preocupación de los primeros emperadores de la dinastía Chin, 250-210 AC. Hasta la dinastía Ming entre 1400 y 1600, que la transformó en su “espectacular obsesión”. Aunque para Alessandro Baricco, el objetivo de esta construcción fue otra:. ..no se trataba tanto de un movimiento militar como mental. Parece la fortificación de una frontera, pero en realidad es la “invención” de una frontera. Es una abstracción conceptual fijada con tal firmeza e irrevocabilidad que llega a convertirse en un monumento físico e inmenso. Es una idea escrita con piedra. La idea era que el imperio era la civilización, y todo lo demás, barbarie, y por tanto no-existencia…La Gran Muralla no defendía de los bárbaros: los inventaba. No protegía la civilización: la definía. * 
Luego tenemos en el año 122 DC., al emperador Adriano, que para “estabilizar” el imperio ordenó la construcción del famoso “Muro de Adriano”, para “separar a los romanos de los bárbaros”. Al respecto, es recomendable la lectura del libro Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, en traducción de Julio Cortázar. O repasar el film La caída del Imperio Romano (1964) de Anthony Mann, con un reparto inolvidable: S.Loren, A.Guinness, C.Plummer, J.Mason, M.Ferrer, O.Sharif y A.Quayle. Film, que sirvió de base a la mediocre y exitosa Gladiador (2000) de Ridley Scott, con su estética “claramente deportiva”.
Y en Argentina, el proyecto de Alsina, para evitar que los indios volvieran a sus tierras saqueadas: la construcción del Gran Zanjón, que bajo la dirección del ingeniero Alfredo Ebelot, comenzaba en Bahía Blanca, pasaba por la Sierra de la Ventana y las lagunas de Guaminí, Trenque Lauquen y Carhué, e incluía las bases estratégicas de Italó y Púan. Preveía alcanzar las provincias de Santa Fe, Córdoba y Mendoza. En julio de 1877 “La Zanja de Alsina” alcanzó los 374 Km. de extensión, de los 600 planificados. Aunque la historia argentina, nos muestra que la decisión que triunfó finalmente no fue la “defensiva” de Alsina, sino otra peor y muchísimo más cruel, la “ofensiva” de Roca: “la conquista del desierto” y el exterminio y genocidio, una especie de “malón al revés”. Recordemos lo que decía Roca: “el único indio bueno es el indio muerto”.
Casi 100 años después, los alemanes del oeste y las autoridades soviéticas, construyen en Agosto de 1961 un muro, separando así Berlín, para detener el éxodo masivo de los habitantes del oeste hacia Berlín del este. Denominado por las autoridades Muro de Protección Antifascista.
Recordemos que más de 75.000 personas fueron arrestadas por intentar escapar, 200 heridos de bala, 250 fueron asesinados, y miles juzgados por ayudar a otros en su huida.
Entre los muchísimos muros que aparecen referidos en innumerables films, el de Berlín, pasó a ser el más emblemático, y es considerado como la máxima expresión de lo que fue la guerra fría, la separación ideológica, económico-política de Europa y el Mundo en dos bloques enfrentados. Así como el temor siempre latente de la destrucción nuclear. Como decíamos fue construido en 1961, pero los antecedentes surgieron poco después de terminada la segunda guerra mundial. Donde la capital alemana, la “Roma” del Tercer Reich fue dividida entre los aliados occidentales (E.E.U.U., Francia y Gran Bretaña) y la  ex Unión Soviética. Berlín, quedó, de hecho incrustada en el corazón del territorio ocupado por los soviéticos, y pasó a convertirse en la capital de la República Democrática Alemana. El genial film del director Carol Reed, El tercer hombre (1949), con la gran actuación de Orson Welles, y basada en la novela homónima de Graham Greene (escritor-espía al servicio de Gran Bretaña), da cuenta de forma inequívoca de toda esa compleja situación histórica. Transformándose con el paso del tiempo, en una especie de “prehistoria fílmica”, de la posterior construcción del muro.


Caída del Muro: Los Nuevos Muros

Como vemos, la construcción y la posterior caída del muro de Berlín, con sus causas, consecuencias, efectos, y el proceso de reunificación de las dos Alemanias, ya son parte de la memoria cultural de la humanidad.  El cine ha sabido reflejar estos momentos históricos en numerosos films: en tono melancólico, dramático, e incluso cómico o tragicómico. Desde el clásico Uno, dos, tres (1961) de Billy Wilder, a la cuestionada Good Bye Lenin (2003) de Wolfgang Becker. O a través del género policial o de espionaje, como es el caso de El silencio tras el disparo (2000) de Volker Schlöndorff (el mismo director de El tambor). Y más recientemente La vida de los otros (2007) de Henckel von Donnersmarck, o el film que se ha empezado a rodar en Cáceres, La sombra de las encinas, de la española Marina Caborall. Es importante repasar las opiniones vertidas por Osvaldo Bayer, alguien que vivió el exilio argentino en Berlín (la segunda ciudad donde vivió más en sus 83 años), y veía el Muro todos los días: Es que el error había sido de Stalin. Cuando aceptó la proposición aliada de cambiar territorio alemán, que ellos habían conquistado en el Este alemán, por la mitad de Berlín, que había sido ocupada por los rusos. El tener la mitad de Berlín le dio a Occidente la oportunidad de hacer toda clase de libertades. En cambio, para hacer el socialismo, los pueblos del Este, arrasados por los nazis, debían trabajar, trabajar. Y claro, cuando no había muro, podían ver eso otro: la sociedad de consumo….Y comenzó la emigración. Y los hombres de Moscú creyeron que la solución era separar todo con un muro, con alambres de púa y ametralladoras. En medio de la ciudad. Ahí ya se patentizó el fracaso. Llegar a la Igualdad sin Libertad. Cuando lo racional es: la Igualdad sólo se puede conseguir en Libertad…..No con muros sino con las ideas, con el convencimiento de que el socialismo, es decir la administración de los bienes en un sentido igualitario, es lo único que puede terminar con la violencia en el mundo, ésa es la enseñanza final de la caída del Muro. Ni la dictadura del proletariado, ni  de ninguna otra clase, y menos los dictadores eternos. Sí la movilización, el protagonismo de todos, no la personalidad sino el cambio de los que mandan para que no se crean imprescindibles y ordenen en vez de preguntar e indagar la opinión de las mayorías.

La  noche en que terminó el siglo XX es fechada el 9 de Noviembre de 1989, cuando los habitantes de Berlín derribaron a mazazos el muro de 155km. que durante 28 años había dividido a Europa en dos.
Sin embargo, después de la caída del Muro de Berlín, otros se levantaron, estos son los nuevos muros construidos no por el comunismo, sino por el capitalismo-globalizado, por su poder de expansión ilimitada del dominio: “Los nuevos muros más allá de la caída del muro”.  Esta es la idea desarrollada y “mostrada” en el “compacto” titulado Los nuevos muros, realizado por los que hacemos la Revista Topía, y proyectado el día  miércoles 7 de Julio, en el Teatro del Pueblo, como parte de los distintos eventos, pensados durante el transcurso del año, para festejar los 20 años de la revista.  A modo de ejemplo ilustrativo, se han tenido en cuenta distintas secuencias de varios films, privilegiando no sólo la contundencia en el contenido a transmitir, sino el cómo (su calidad estética, de obra de arte) del mensaje en cuestión. Y no caer en la mera información periodística de noticiero televisivo. A modo de guía de "lectura", una de las tantas posibles, estos fueron los films elegidos:


La mirada de Ulises (1994/1995) de Theo Angelopoulos: la gran virtud del film radica en su orgánica integración en la continuidad narrativa. El carácter continuo del viaje, donde el pasado se hace presente. El viaje se establece entonces, como un largo puente que intenta unir momentos cruciales de la historia de los Balcanes, antes y después de la caída del muro.  La elección del genial plano secuencia, donde el protagonista (Harvey Keitel), emprende el viaje a través del río Danubio, junto a su compañero de travesía: la estatua trozada y fragmentada de Lenin, vendida a un coleccionista alemán, es toda una  metáfora de la caída del comunismo. Testigo de los territorios de la ambigüedad por donde penetra la música y el paisaje invernal, doliente, silencioso, que acompaña a las figuras humanas que se arrodillan y persignan ante el paso, en cuerpo todavía presente de la historia. Este viaje a partir del crepúsculo, después de la caída, también es al mismo tiempo, un nuevo renacer. Ya que “en el final está el principio”: la recuperación de la memoria y la mirada. Aquí no se nos informa únicamente del final de un período histórico o del fin de una ideología, sino que llegamos a sentirlo. Llegamos a sentir el valor del tiempo, un tiempo crepuscular, de despedida, un último suspiro donde agoniza la acción más vertiginosa de nuestro siglo, ahora conducida por las mansas aguas del río hacia un mausoleo donde reposar.**

Sin nombre (2009) de Cary Fukunaga: film que denuncia a través de un dantesco viaje, la situación social y la desesperación de los inmigrantes de Centroamérica hacia los E.E.U.U. Aquí las secuencias escogidas giran también en torno al viaje, pero en este caso a través de un “tren de la muerte”, hacia la supuesta tierra prometida. El muro  que separa la frontera entre México y E.E.U.U. es de 3000Km. Y salvo muy pocos, como nos muestra este film, llegaran a cruzarlo. En el camino, las mafias trafican con drogas, armas, dinero y con seres humanos. Encontramos también, una radiografía, o estudio antropológico, de cómo actúan Los Maras. Término con el que se conoce a grupos o pandillas muy violentas de jóvenes, originados por el retorno a Centroamérica de enormes cantidades de emigrantes deportados por delincuencia desde E.E.U.U. Estos transfieren las condiciones de marginalidad, violencia y supervivencia, y recrean en el plano nacional (México, Honduras, El Salvador, Guatemala) las prácticas aprendidas y desarrolladas por los deportados en los distintos lugares en los cuales lograron su estadía.

El limonero (El árbol de lima, en argentina) (2008) de Eram Riklis, el mismo director israelí de la premiada La novia Siria (2004). Film que se adentra en el corazón mismo del conflicto israelí-palestino. Las acciones se desarrollan en la frontera entre Israel y Cisjordania. Entre “vecinos”. Aquí el motivo visual del árbol (los limoneros), símbolo de vida, de las raíces,  de la herencia familiar, de la identidad de la protagonista, y su único sustento económico se contrapone al del muro, como la gran metáfora de la intolerancia. Salma “una simple mujer” palestina, viuda de 45 años, se transforma a lo largo del film, en una verdadera Antígona moderna, ya que se enfrenta y desafía al Poder Judicial, al Ministro de Defensa, a los servicios de inteligencia -que por “razones de seguridad”, ordenan cortar los limoneros- e incluso a los propios  palestinos. Salma dice ¡no!, y lleva su accionar de resistencia hasta sus últimas consecuencias. Las escenas seleccionadas, denuncian en forma poética y patética, la desproporcionada acción militar israelí contra los ciudadanos comunes palestinos. A medida que el Gobierno de Israel sigue construyendo un muro que se extiende en un 20% a lo largo de la Línea Verde internacional y en un 80% en territorio cisjordano palestino.  Quizás una de las enseñanzas que nos deja este film sea,  que un muro no sólo aisla al “enemigo”, sino también al propio constructor. Los muros en este sentido, no solo son restrictivos, sino también reveladores de la estrechez mental y de la perversión de quienes los erigen.

Buenos Aires viceversa (1997) de Alejandro Agresti. La elección de sólo la secuencia final del film, que transcurre en un emblemático Shopping porteño, donde se acribilla a un chico de la calle por querer robar una filmadora, sintetiza de una manera trágica e inequívoca, la separación, fragmentación e indiferencia de una sociedad cada vez más dividida, por todos esos “muros invisibles” (barrios privados, countries cerrados, etc)  creados por el sistema capitalista, y sus políticas económicas neoliberales, basadas sólo en el consumo ilimitado. Y que son el reflejo (mejor dicho el espejismo) de los muros que sirven para aislar a grupos de países sobre la base de su producto bruto interno, y del valor de mercado de sus bienes y servicios. Esta secuencia, además tiene un plus, que la hace más que actual. Ya que muestra, cómo es totalmente falseado por los medios de comunicación, en especial la televisión, el hecho a cubrir: el asesinato de un chico pobre ocurrido en un Shopping. El contraste y la reflexión final es más que elocuente. Estos son los nuevos muros capitalistas erigidos después de la caída del muro. Muros que constituyen verdaderos “tics” o “ecos” residuales y totalitarios de ciertas “democracias occidentales”.

En síntesis, los nazis estuvieron en el poder doce años; el comunismo dominó el Este europeo cuatro décadas y Rusia, 74 años. Sin duda, la caída del Muro fue uno de los hechos más significativos de la historia mundial del último siglo. De ahí que Berlín y gran parte del mundo, hayan celebrado el 9 de Noviembre de 2009, el vigésimo aniversario de su caída, con una “Gran Fiesta de la Libertad".  Sin embargo... en todo el planeta existen actualmente muros entre países por un total de 7.500km, aunque llegarán a alcanzar los 18.000km cuando estén totalmente terminados, y estos son sólo los muros visibles.

El muro de E.E.U.U. y México (unos 3.000km., el más extenso del mundo) – el muro de Ceuta y Melilla -  el muro de Cisjordania (construido por el Gobierno de Israel (cuando esté terminado, el 10% del territorio cisjordano quedará en el lado israelí y aislado del resto de Cisjordania) – el muro de Irlanda del Norte (se lo conoce con el eufemismo de “Línea de Paz”) – el muro que divide Corea del Norte y Corea del Sur – El muro de Arabia Saudí (el reino saudí está fortificando su frontera de 9.000km. con una de las barreras más larga del mundo. Un proyecto de alta tecnología. El muro será físico en algunas zonas y virtual (radares, satélites, infrarrojos), en otras. – El muro de Chipre (divide Nicosia, la capital, en dos partes, tiene 180km.) – El muro de Bagdad (el ejército norteamericano lo comenzó a construir en 2007, tiene 5km. de largo) – El muro de India y Pakistán (ambos países, que poseen armas nucleares, están separados en la mitad de su frontera común de 2900km., por alambradas) – el muro de Cachemira – el muro de Bostwana y Zimbabue (500km. de largo) – el muro de Irán y Pakistán – El muro de Tailandia y Malasia – el muro de Irak y Kuwait – el muro de India y Bangladesh (4.000km.) – el muro de Uzbekistán (alambre electrificado y campos de minas cubren parte de la frontera con Afganistán) - El muro de Egipto y Gaza – el muro de Río de Janeiro (sede de los Juegos Olímpicos de 2016), se comenzó a levantar para cercar algunas favelas. Se está previsto construir 11km. de muros. ***

“Pero sus muros nunca serán lo bastante largos, y siempre habrá una manera de rodearlos, de saltarlos, de pasar por debajo de ellos. O de derribarlos.”  (John Berger)

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*Baricco Alessandro. Los bárbaros (Ensayo sobre la mutación). Ed. Anagrama, Barcelona 2008.
** Pere Alberó, La mirada de Ulises,Ed. Paidós Películas. Barcelona 2000.
*** Censo realizado por Michel Foucher, publicado en La Presse de Montreal.