30/12/14

Julio Cortázar: Cuentos   
                        
BIBLIOTECA PERSONAL - Por Jorge Luis Borges
(Buenos Aires - Argentina)
 

Hacia mil novecientos cuarenta y tantos, yo era secretario de redacción de una revista literaria, más o menos secreta.  Una tarde, una tarde como las otras, un muchacho muy alto, cuyos rasgos no puedo recobrar, me trajo un cuento manuscrito.  Le dije que volviera a los diez días y que le daría mi parecer.  Volvió a la semana.  Le dije que su cuento me gustaba y que ya había sido entregado a la imprenta.  Poco después, Julio Cortázar leyó en letras de molde Casa tomada con dos ilustraciones a lápiz de Norah Borges.  Pasaron los años y me confió una noche, en París, que ésa había sido su primera publicación.  Me honra haber sido su instrumento.

El tema de aquel cuento es la ocupación gradual de una casa por una invisible presencia.  En ulteriores piezas Julio Cortázar lo retomaría de un modo más indirecto y por ende más eficaz.

Cuando Dante Gabriel Rossetti leyó la novela Cumbres borrascosas le escribió a un amigo: "La acción transcurre en el infierno, pero los lugares, no sé porqué, tienen nombres ingleses".  Algo análogo pasa con la obra de Cortázar.  Los personajes de la fábula son deliberadamente triviales.  Los rige una rutina de casuales amores y de casuales discordias.  Se mueven entre cosas triviales: marcas de cigarrillo, vidrieras, mostradores, whisky, farmacias, aeropuertos y andenes.  Se resignan a los periódicos y a la radio.  La topografía corresponde a Buenos Aires o a París y podemos creer al principio que se trata de meras crónicas.  Poco a poco sentimos que no es así.  Muy sutilmente el narrador nos ha atraído a su terrible mundo, en que la dicha es imposible.  Es un mundo poroso, en el que se entretejen los seres; la conciencia de un hombre puede entrar en la de un animal o la de un animal en un hombre.  También se juega con la materia de la que estamos hechos, el tiempo.  En algunos relatos fluyen y se confunden dos series temporales.

El estilo no parece cuidado, pero cada palabra ha sido elegida.  Nadie puede contar el argumento de un texto de Cortázar; cada texto consta de determinadas palabras en un determinado orden.  Si tratamos de resumirlo verificamos que algo precioso se ha perdido.


19/12/14

¿Para qué sirve el pensamiento en los tiempos que corren?



MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN [mediaisla] Pensar un mundo sin pensamiento y una humanidad sin metas, sin razones, perdido en el mundo de lo relativo es, a mi manera de ver, el gran suicidio del sabio. Y solo en la permanencia del saber y en su fortaleza le damos sentido a la existencia.
 
Si esta pregunta la hiciéramos tomando como horizonte el escenario griego, que es el del origen del pensar en Occidente, tal vez el ejemplo de la muerte de Sócrates al tomar la cicuta provoque la opinión de que el pensamiento no tiene un gran valor porque el gran sabio griego terminó anulando su vida. Pero visto desde otra perspectiva, la imagen de Sócrates al tomar el veneno, o la de Séneca al cortar sus venas en el baño, tenga mucho que decirnos sobre la pertinencia de la epísteme en la actualidad cuando vida y saber van por rutas paralelas.

Todo lector del mundo heleno sabe que los filósofos buscaron un saber que les permitiera gobernar la polis. Un saber que para ellos estaba en el logos, en las gentes, en la tradición. También sabemos que no podemos leer a Dante sin pensar en las tareas de forjar una cierta unidad lingüística en Italia y ni entender a Maquiavelo sin valorar su intento de encontrar la unidad de la segmentada Italia de su época. Ni podríamos, por último, aquilatar la suprema obra de Hegel sin entender su intento de darle un cierto sentido a la lucha de la burguesía alemana.

Toda obra de pensamiento, aquella que ha construido un sistema fundamental y de la que podemos dar cuenta hoy, no deja de estar ligada a los afanes del hombre y sus firmes convicciones de cambios y regeneración. Y esos propósitos no están alejado de aquello que Michel Foucault llamó el poder, y a lo que Roland Barthes llama de forma inteligentísima los poderes. Pero el saber no tuviera pertinencia si no fuera contrastado por distintas voces y perspectivas. Sin embargo, el hecho de que hoy nos preguntemos, ¿qué importancia tiene el pensar y la creación de conocimiento? Está fundamentado en que la congruencia de esta pregunta reside, a mi manera de ver, en el truco que plantea el relativismo que vivimos como actualidad.

Los sofistas, que asediaron el saber socrático, y los cínicos que relativizaron los discursos de su época, no dejaron de pertenecer al “poder bueno o malo”; tampoco dejaron de impulsar el desarrollo de los saberes. Tal vez no fueron más que los viajeros incómodos del saber. Y los que plantean el relativismo y la idea de que todo esfuerzo humano por crear una obra crítica o epistemológica da lo mismo porque, en fin de cuenta, lo que existe es el poder o la voluntad de poder o que los juicios todos se cancelan porque sólo hay juicio y cada quien tiene derecho a tener el suyo, como postulan ciertos pretendidos posmodernos luego de deambular la ciudad en noche de luna llena. (...)


MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN (Higüey, República Dominicana). Departamento de Estudios Hispánicos de la UPR Cayey, es autor de Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana (2004), Entrecruzamiento de la historia y la literatura en la generación del setenta (2009), Las palabras sublevadas (2011) y Los letrados y la nación dominicana (2013), entre otros.
  
[mediaIsla] mediaIsla 0005 – Año XI
http://mediaisla.net/revista/2014/10/para-que-sirve-el-pensamiento-en-los-tiempos-que-corren/

12/12/14

 Antonio Pigafetta


(1480 - 1534)  
                                                             
De El Libro de la Tierra – Antología Mayor, que contiene textos de 101 geniales autores, publicamos “Rumbo a Brasil” del geógrafo y cronista italiano Antonio Pigafetta, perteneciente a su delirante obra Primer viaje alrededor del mundo.
La gran antología (publicada por la Colección Los Conjurados) que posee escritos esenciales de Humboldt, Bolívar, Esopo, Luciano, Swift, Wilde, Lagerlöf, Kafka, Saint-Exupéry, Da Vinci, Copérnico, Bruno, Galilei, Kepler, Gauguin, Huygens, Newton, Darwin, Marx, Engels, Boltzmann, Freud, Perse, Chuang Tsu, Li Po, Wang Wei, Nezahualcóyotl y Whitman, entre otros decisivos autores, privilegia la fuente primaria y la imaginación de destacados científicos y artistas que han enaltecido la raza humana.


 RUMBO A BRASIL

Cuando los días eran serenos y el mar estaba en calma, nadaban próximos a nuestra nave enormes peces llamados tiburones. Estos peces están provistos de varias hileras de dientes poderosos y si por desventura cae un hombre al mar, lo devoran sin tardanza. Nosotros pescamos algunos con anzuelos de hierro; pero los más grandes no son comestibles y los pequeños no deben ser apreciados.
Durante las tormentas vimos con frecuencia al Cuerpo Santo, es decir a San Telmo. En una noche muy negra se nos apareció como una hermosa antorcha en la punta del mástil, donde permaneció durante dos horas, lo que fue de gran consuelo en medio de la tormenta. En el instante en que desapareció se produjo una intensa claridad y entonces quedamos encandilados por algún tiempo. Fue un signo venturoso, pues nos creíamos perdidos, pero el vendaval cesó en ese preciso momento.
Vimos aves de diferentes especies: unas que no tenían cola, otras que no hacen nidos pues están desprovistas de patas, pero la hembra pone e incuba sus huevos sobre el lomo del macho en pleno mar. Hay otras llamadas «cágala» que viven del excremento de las otras aves y yo vi asiduamente a una de aquellas acosando a otra con saña hasta que la asediada le lanzó su estiércol, que la perseguidora devoró con avidez. Vi también pescados voladores y otros reunidos en tan inmensa cantidad que parecían formar un banco en el océano.
Al cruzar la línea equinoccial, acercándonos al polo Antártico, perdimos de vista la estrella Polar. Dejamos el cabo entre el sur y el sudoeste y tomamos el rumbo a la tierra que se llama de Verzino (Brasil) por los 23° 30' de latitud meridional. Este territorio es una continuación del cabo de San Agustín, por los 8° 30', con la misma latitud.
Allí tomamos una abundante provisión de aves, de patatas, de una especie de fruta similar a la semilla del pino –que sin embargo es demasiado dulce y de un sabor delicioso–, de cañas muy dulces, de carne de un animal llamado anta, de sabor similar a la carne de vaca... Hicimos allí buenos negocios: por un anzuelo o un cuchillo nos daban entre cinco y seis gallinas; dos gansos por un peine; por un espejo pequeño o un par de tijeras obteníamos el pescado necesario para alimentar a diez personas; por un cascabel o una simple cinta los indígenas nos entregaban una cesta de patatas, nombre que se da a tubérculos parecidos a nuestros nabos y cuyo gusto se aproxima al de las castañas. En forma igualmente favorable cambiábamos las cartas de los naipes, y por un rey me dieron seis gallinas, creyendo que con ello habían realizado un negocio provechoso.
Entramos a un puerto (Río de Janeiro), el día de Santa Lucía, a los 13 días del mes de diciembre. Teníamos el sol en el zenit, era mediodía y experimentábamos mucho más calor que cuando pasamos la línea equinoccial. La tierra del Brasil, rica en toda clase de provisiones, tiene la extensión de Francia, España e Italia unidas, y pertenece al rey de Portugal.
Aunque los brasileros no son cristianos tampoco son idólatras, porque no adoran nada: el instinto natural es su única ley. Son tan longevos que es frecuente hallar individuos que alcanzan los ciento veinticinco e incluso los ciento cuarenta años. Tanto las mujeres como los hombres viven desnudos. Sus viviendas llamadas boys son como cabañas alargadas. Duermen acostados sobre redes de algodón, que reciben el nombre de hamaks, sujetas por los dos extremos a troncos. Encienden fuego a ras de tierra. Uno de estos boys tiene capacidad a veces para albergar a cien hombres, con sus mujeres e hijos: son por tanto muy ruidosos. Sus navíos, denominados canoas, las fabrican del tronco de un árbol ahuecado utilizando una piedra cortante, porque allí las piedras reemplazan al hierro, metal del que carecen. Estos árboles son tan enormes que una sola canoa puede alojar de treinta a cuarenta hombres, que bogan con remos semejantes a las palas usadas por nuestros panaderos. Al ver su piel tan negra, y verlos totalmente desnudos, sucios y calvos, se les podría confundir con los marineros de la laguna Estigia.

Relazione del primo viaggio intorno al mondo (CreateSpace, 2012).
Traducido del italiano exclusivamente para esta antología por el profesor Roberto Caselli.
  
Con-fabulación Nº 353 - Colombia